

Dos ejes de mi vida. Acá reproduzco algunos pasajes de una entrevista publicada por Página 12 al escritor y periodista español Juan Cruz Ruiz. A este señor no lo concía ni en pelea de perros, pero me interesó que en su nueva novela "Muchas veces me pediste que te contara esos años" se hablara de periodismo y amor. La sangre y la pólvora de mi vida.
Acá algunos pasajes:
–Pasó muchos años en redacciones. ¿Cómo quedó su mente?
–Directamente no me imagino en otro espacio. He sido redactor, jefe, corresponsal. A tal punto llega ese vínculo que ya no concibo mi vida sin periodismo. Cada vez que me sueño o me pienso, aparezco preparando un reportaje. Es mi respiración, y de tantos años de respirar de este modo he descubierto que los que nos dedicamos a esto caminamos por un alambre finísimo, que amenaza permanentemente con hacernos caer en la compasión o el cinismo. Ahí tienes el gran peligro. Es volverse cínico. El libro de Ryszard Kapuscinski lo aclara desde el título: “Los cínicos no sirven para este oficio”.
¿Se pueden hacer crónicas con el amor?
–Por supuesto, como todo lo que empieza y se apaga. Hay un texto que yo quiero mucho, Oda a las cosas rotas, de Neruda. Viene así: “...y que el mar reconstruya/ con su largo trabajo de mareas/tantas cosas inútiles/que nadie rompe/pero se rompieron”. A eso me refiero. El amor es una de las cosas que se quiebra con más estruendo, después de la amistad. Es lo que provoca una percepción más poderosa sobre el avance cronológico. Es, en definitiva, como el precipitado de los seres humanos: todo lo que somos, lo somos en función de cómo nos haya ido en el amor. Mira si no vale la pena narrarlo.
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