jueves, 25 de septiembre de 2008

El coca ha muerto

El coca murió dijo mi madre con la voz entrecortada. Y la muerte, esa puta caliente, besó mis tetillas nuevamente.
El viejo Cocaína era un perro kiltro café. Llevaba 17 años viviendo en la casa de mis padres en Maipú, en mi casa.
Era el “perro de la casa”, de mis viejos y mi hermano, de esos perros que se extrañan una vez muertos. Y ahora lloro en silencio su partida. Y pienso que estaba ciego y viejo...
Cuando llegó a la casa lo hizo con su hermana Pelusa, una kilterri que tiraba pa’ policial con hambre y fuerza, que de tanta vehemencia se comió medio kilo de veneno pa’ ratas y murió.
Entonces el Coca quedó sólo y fue el perro de la casa...
En mis recuerdos están la vez que lo saqué a pasear y se fue corriendo una tarde en el Parque de Tres Poniente. Corrió, corrió por el parque y se me perdió todo un día....
Nunca más lo saqué a pasear y ahora me duele.
También recuerdo que le pegaba a mi perro el Hank cuando éste era pequeño, después el Hank creció y se daban la vida, hasta que finalmente el Hank casi lo mata.
El coca ya estaba viejo.
Mi mamá me contó que ayer en la noche no quiso comer. A la mañana siguiente amaneció con la panza inflada y no abrió más sus ojos.
Mi viejo lindo trato de hacer un hoyo en el patio para enterrarlo pero casi se muere él a la tercera palada.
Mi vieja con dolor le acaricio la frente a mi viejo y los dos movieron la cabeza y lloraron mirando el cadáver del Coca.
Al final un camión de la basura se lo llevó a cambio de una luca.
Los tipos tiraron la talla mientras lanzaban al viejo perro a las fauces del camión triturador.
Se fueron riendo y mis viejos miraron al camión perderse por la calle.
Se limpiaron las lágrimas y se dijeron que así era la vida.
Yo imagino ahora al Coca corriendo hacia el horizonte desbocado una tarde en el Parque.

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