domingo, 28 de septiembre de 2008

Mala memoria


Siempre he sufrido de mala memoria. A veces me trae problemas con mi chica.
Como por ejemplo cuando caminamos por la calle y yo le digo: "mira ese edificio parece una mujer desnuda, o mejor, los senos de una mujer desnuda...".
Ella me mira arrugando los musculos en torno a sus ojos y me dice: "Me lo has dicho 8 veces".
Chucha, digo.
Ocho veces, me repito en silencio.

Acá Verdú prueba una explicación para la mala memoria, talvez por eso yo no recuerdo algunas cosas:

"En la tele oí decir a un psiquiatra que la clave de la felicidad residía en dos factores fundamentales: tener buena salud y gozar de mala memoria. La mala memoria o la buena salud pertenecen, efectivamente, a un mismo orden de la sanidad. Mientras la buena salud es equivalente a la pura ausencia de dolor, la mala memoria coincide con el alma en blanco.

Todo el sufrimiento que conlleva una enfermedad se parece a la corrosión que un rencor, una tragedia o un odio, traen consigo.

La figura del atleta ágil que corre y salta sin esfuerzo se parece a la del desmemoriado que sin pesarle el pasado vuela ligero hacia el futuro. Ambos amarán el presente sin que les falte la inteligencia de su ineludible volubilidad pero se sentirán dotados del brío físico y del vigor mental para conservar el equilibrio. Uno y otro tonificados por el benéfico don de olvidar y el estimulante donaire del oxígeno".

jueves, 25 de septiembre de 2008

El coca ha muerto

El coca murió dijo mi madre con la voz entrecortada. Y la muerte, esa puta caliente, besó mis tetillas nuevamente.
El viejo Cocaína era un perro kiltro café. Llevaba 17 años viviendo en la casa de mis padres en Maipú, en mi casa.
Era el “perro de la casa”, de mis viejos y mi hermano, de esos perros que se extrañan una vez muertos. Y ahora lloro en silencio su partida. Y pienso que estaba ciego y viejo...
Cuando llegó a la casa lo hizo con su hermana Pelusa, una kilterri que tiraba pa’ policial con hambre y fuerza, que de tanta vehemencia se comió medio kilo de veneno pa’ ratas y murió.
Entonces el Coca quedó sólo y fue el perro de la casa...
En mis recuerdos están la vez que lo saqué a pasear y se fue corriendo una tarde en el Parque de Tres Poniente. Corrió, corrió por el parque y se me perdió todo un día....
Nunca más lo saqué a pasear y ahora me duele.
También recuerdo que le pegaba a mi perro el Hank cuando éste era pequeño, después el Hank creció y se daban la vida, hasta que finalmente el Hank casi lo mata.
El coca ya estaba viejo.
Mi mamá me contó que ayer en la noche no quiso comer. A la mañana siguiente amaneció con la panza inflada y no abrió más sus ojos.
Mi viejo lindo trato de hacer un hoyo en el patio para enterrarlo pero casi se muere él a la tercera palada.
Mi vieja con dolor le acaricio la frente a mi viejo y los dos movieron la cabeza y lloraron mirando el cadáver del Coca.
Al final un camión de la basura se lo llevó a cambio de una luca.
Los tipos tiraron la talla mientras lanzaban al viejo perro a las fauces del camión triturador.
Se fueron riendo y mis viejos miraron al camión perderse por la calle.
Se limpiaron las lágrimas y se dijeron que así era la vida.
Yo imagino ahora al Coca corriendo hacia el horizonte desbocado una tarde en el Parque.

martes, 23 de septiembre de 2008

CARACOL


El 18 de septiembre vi a mis familiares...
Reímos, recordamos y la tierra me habló. Me apoyé en el mismo tronco de parra
donde lloré a mi abuelo muerto y caminé por el huerto del viejo pidiéndole a los postes
que aparecieran loicas o el abuelo, o su pala enterrada sobre el lomo de un caracol milenario...
Mientras, la gabita sonreía y me traía de vuelta
al mundo de acá

viernes, 5 de septiembre de 2008

SORIANO Y SAN LORENZO


Este es el inicio de un texto escrito por Soriano para el Diario La Opinión, publicado luego en el libro “Artistas, locos y criminales”. Fue publicado originalmente el 7 de enero de 1973 en el suplemento cultural del periódico que estaba a cargo de Juan Gelman.
Bajo el título de “El nacimiento de San Lorenzo” el gordo gambeteó la coyuntura de la obtención del campeonato con la historia de los fundadores del club…
Unos viejos llamados Francisco Xarau y Juan Gianella.
Creo que los primeros párrafos son de gran maestría periodística en cuanto a descripción de personajes:

“Entre los hinchas de San Lorenzo de Almagro que festejaban alborozados la conquista de los títulos de 1972, caminaba un hombre de setenta y nueve años, de rostro seco como una cáscara de nuez, de ojos desteñidos que sólo podrían permitirse una mirada lejana. No sintió los habituales dolores en el hígado y en la nariz, quebrada sesenta años atrás por un pelotazo. En el bolsillo trasero del pantalón guardaba una billetera de cuero gastada, abrigo de doscientos pesos, un carnet de socio vitalicio de San Lorenzo y una medalla de oro. Nadie lo reconoció, nadie le agradeció nada. Cuando llegó a la pensión de la calle Monte al 3700, se encerró en su pieza de tres por tres, sacó el calentador de queroseno, peló tres papas y las puso a hervir. Se sentó en la única silla, prendió la radio y escuchó cómo la gloria caía sobre un grupo de hombres que ganan holgadamente la vida con el fútbol".

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La guerra


La guerra es un grito en la noche
Freud comiéndote el ano
Las caries de las ratas
Los clavos en los jazmines
Un sepulcro para ser polvo
Polvo caliente con barro
Con pelos con rabia
Lentamente
Como el hombre en la luna, solo
masturbándose
Y triste