miércoles, 28 de mayo de 2008

CABEZA DE AJO


José Ribas (CREADOR DE LA MÍTICA REVISTA AJOBLANCO) viene moviendo las aguas entre Venezuela, Argentina y Chile. Acá dictó un taller para resucitar el periodismo independiente y repasó la fórmula de la revista donde debutaron Almodóvar, Bolaño y Vila-Matas. Aquí anuncia que el contenido histórico de “Ajo” quedará en internet a fin de año. Este caldo recién comienza a cocinarse.

Por Rodrigo Quiroz Castro
LCD (LO QUE FUMABA YIMI HENDRIX)


Un muchacho entrado en carnes se pasea por la Rambla de Barcelona con un letrero en su pecho que dice: "Sexo va, sexo viene-Hoy en el cine City". Es un desconocido y drogado Pedro Almodóvar promocionando un festival de cine independiente organizado por la revista "Ajoblanco" en los años setenta.

Por la misma época, Roberto Bolaño lee un anuncio en la publicación: el encargado de la página literaria se fue al servicio militar obligatorio. El director del magazine publica un recuadro pidiendo a los lectores que le escriban para animarlo. El chileno apunta la dirección del cuartel y le escribe, iniciando una amistad que se convertirá en el debut literario del autor de "Putas asesinas".


Estas imágenes son parte de la historia de "Ajoblanco", la revista de agitación cultural más importante de España y que fue la concreción en papel de un momento histórico donde calle, libertad y cultura hacían que tipos como Quim Monzó el Bukowski catalán diseñara el logo de la revista emulando las letras de Coca-Cola, armando una guerra mediática con la compañía.

La leyenda dice que "Ajoblanco" se fundó en el restaurante Putxet en 1974 y que en otras mesas del lugar se encontraban García Márquez y Juan Marsé. Nunca el caldo de ajo, almendras, aceite, sal, pan, agua, vinagre y granos de uva que lleva ese nombre volvió a saber igual.

En Santiago no hay smog. La lluvia se llevó un rato la mierda que contamina nuestros pulmones y en Providencia los árboles escupen hojas amarillas. Pepe Ribas (56) camina por la ciudad donde vino a dictar el taller "Emergencias, periodismo cultural" en el Centro Cultural de España, buscando mover masa pensante contra el sistema.

Caminando llega al Liguria de Manuel Montt, pide una Heineken, una lasaña y aprieta play en su memoria.


ELECTROSHOCK

"Ajoblanco" se funda en 1974. Ribas tenía 19 años y estudiaba Derecho en la Universidad de Barcelona. De familia burguesa, dejó carrera y novia por la publicación. Su principal cómplice fue Tony Puig, quien junto a Monzó y otros creó una revista con Franco en el poder.

Luego de viajar por Grecia y Yugoslavia, Ribas decidió hacer algo: "Estábamos hartos de autoritarismo de derechas e izquierdas, leíamos a Kerouack, yo quería ser escritor, pero no quería escribir de libros, sino sobre la vida". Y sobre esa vida versa "Los setenta a destajo", sus memorias de esos años libertarios, publicada el 2007.

Y en el libro están todos los ingredientes de aquella sopa: el nacimiento, la sociedad española chata de milicos y sacerdotes y ávida de experimentación y calle.

"‘Ajoblanco’ fueron 25 años de un proyecto de vida, en los setenta España dejó de ser un país católico y se asumió pagano, en el libro quería recuperar esa década porque fue el tiempo del cambio. Los jóvenes cambiaron el país en la calle, no la transición pactada en Moncloa".

Con Franco apestando antes de ser cadáver, viajes, drogas, sexo, teatro y cine independiente en la olla, el caldo podría haber sido una banda de rock, pero ese "hacer algo" se hizo papel: "Nuestra generación necesitaba espacios de libertad y encuentro, ‘Ajoblanco’ ocupó ese hueco".

Así se hicieron sociedad anónima ("el derecho te da realidad") y contactaron a impresores y distribuidores. No había dinero, pero un tipo recién separado de su mujer se puso con 100 mil pesetas. Formaron mesas de creación (no de edición) donde se mezclaban ex curas en el diseño, y el veneno de Artaud, el dadaísmo y el surrealismo en los contenidos. En sus páginas aparecieron las primeras publicaciones de un joven llamado Enrique Vila-Matas y algunos manifiestos de antisiquiatría que "cambiaron la política de las cárceles y los manicomios, que frenaron los electroshok", y todo hecho "sin ninguna conciencia periodística". "Éramos agitadores con necesidad de comunicar una sensibilidad de libertad y justicia social".


UN TAL ROBERTO

La revista tiene dos períodos: de 1974-78 y del 87 al 2000. El primero terminó, a juicio de Ribas, por los pactos de la transición, y el segundo, entre otras causas, por la privatización en manos transnacionales de las distribuidoras y por el consumo de pastillas de quienes hacían "Ajoblanco". De la primera etapa quedan algunas historias desconocidas. "Organizamos un colectivo de cine en súper 8 y pagamos el billete de tren de un chico que trabajaba en Telefónica que hacía cortometrajes de contenido sexual y travestismo que se llamaba Pedro Almodóvar". Y también, según Ribas, "Ajoblanco" pagó el billete de avión del regreso de Roberto Bolaño a Chile en 1998, para ser jurado del Concurso de Cuentos de Revista "Paula". "Nosotros pagamos el boleto, no esa revista Nosotros le convencimos de que fuera a Chile, le pagamos el ticket a cambio de una crónica de su experiencia en Santiago". Luego de ese reencuentro con su país, Bolaño publicó una crónica donde no dejó títere con cabeza.

Pero la relación del chileno con "Ajoblanco" comenzó mucho antes. Cuando Antoni García Porta se encargaba de las paginas de literatura de la revista con el seudónimo de "Kithoue", y se vio obligado a dejarlo porque fue llamado al servicio militar. Entonces, Ribas publicó la dirección postal del cuartel para que le escribieran y le alentaran, y Bolaño, al leer el anuncio, le escribió a Kithoue, iniciando una amistad que se convirtió en el debut literario del chileno con el título de "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce".


HEROÍNA GITANA

Para Ribas, Latinoamérica es fértil. Su visita al continente se debe a los talleres que se han dado en Rosario, Córdoba y Santiago. "Te vas a una librería de Rosario, donde hay tertulias de editores, periodistas y gente charlando con un café. Eso en España es imposible porque todo es mercado. La cultura está comprada. Los chicos jóvenes sólo piensan en marcas, quieren tener pectorales y las chicas tetas", dice.

"El 79 me di cuenta que tenía en la mano la posibilidad de montar un grupo mediático, pero tiré la toalla, no había dejado Derecho para ser empresario; además, el movimiento libertario no supo entender que ya no había cultura obrera ni cultura burguesa, sino que ambas habían sido destruidas por la cultura de masas, que era algo que había que estudiar muy a fondo".

Y editando cuatro revistas ("Alfalfa", "La Bañera", "Chana" y "Quimera") a Ribas lo "cogió" una depresión. En ese momento vendía más que el diario "El País" y en Barcelona se instalaba el nacionalismo.


CONTRA LA MATRIX


Luego de recluirse en islas españolas y ver la destrucción de la Tatcher a la cultura callejera londinense, Ribas que al parecer nunca ha tenido problemas para pagar sus cuentas decide volver como un viejo superhéroe a sacar el segundo "Ajoblanco", ahora totalmente convertido a las fórmulas periodísticas.

Sigue dándole a la misma tecla con temas de sexo, debates, ecología y libertad. Sin la fuerza de la primera etapa, muere el 2000 por la privatización de todo y por las pastillas que se metía la redacción.

"De aquí a Navidad todo el contenido quedará en internet, completo y a consulta gratuita para quien quiera", dice recordando la vigencia de las historias que publicó.

Hoy, Ribas sigue creyendo en lo que ha creído toda la vida: "Humanismo, libertad y justicia social". No cree en la democracia de ninguna parte del mundo, "porque son hipocresías". Tampoco en la revolución, sino en la transformación cultural de la sociedad. Para él, el periodismo que depende de los índices de audiencia y del marketing está jodido.

En medio de ese desierto de lo real tipo "The Matrix", Ribas ve en internet y los blogs un brotecito verde. "Internet es una alternativa, no hay intermediación, nos conecta... de los suplementos de periódicos no saldrán movimientos, no es su labor... hay que resucitar el periodismo cultural independiente".

Y en eso anduvo Ribas: agitando las aguas. Y mientras salta la liebre prepara una novela de un intelectual que ha dejado de serlo, que se cruza con un inmigrante convertido en prostituto.

Y luego de la lasaña, sorbiendo un café acompañado de otro Marlboro, Ribas identifica al enemigo: "El problema no es la prensa, la publicidad es el artefacto que ha descerebrado a todos, por eso hay que ser más bestias ahora, porque la censura comercial es más dura que la censura política". LCD

No hay comentarios: