
"Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir".
Hoy me siento como si tuviera la nariz rota, me molesta respirar.
Lo de arriba lo escribe el maestro de maestros: Anton Chéjov.
Y yo lo cito mientras pienso en unos ojos maravillos que miran tras una máscara de estrellas amarillas. Duele respirar, como si tuviera la nariz rota.
Como si una mano gigante y poderosa me tomara del pescuezo y me dijera: ¡Los golpes que más duelen son los que se dan!